Juez con una balanza, metáfora de la distribución desigual de riqueza

  • 6 de jun de 2012

La economía y el contexto social

Este artículo fue publicado originalmente el 6 de junio de 2012. Las referencias al Presidente Calderón y al Secretario Carstens corresponden al período de su gestión. El argumento conceptual sobre economía, modelos y contexto social sigue siendo válido.

Siempre me ha parecido que muchos economistas, cuando hablan de cifras macroeconómicas, olvidan ubicarlas dentro de un contexto social, lo cual me parece un error fundamental. Por ejemplo, alguna vez escuché a Agustín Carstens, cuando era Secretario de Hacienda y Crédito Público en México, hablar del crecimiento del PIB per cápita en el país. Lo usó como un indicador del éxito de las políticas económicas aplicadas en las últimas décadas.

Pero no habló, sin embargo, acerca de los niveles de pobreza. Tampoco mencionó a la clase media.

Recordemos que el PIB per cápita es simplemente una división: PIB nominal entre el número de habitantes. Es un promedio que si bien es un indicador importante y muy usado, no explica toda la realidad.

Por ejemplo: si gran parte de la riqueza que se crea se concentra en un número pequeño de familias, un mayor PIB per cápita no necesariamente indica mejores niveles de bienestar. Los indicadores económicos siempre se tienen que leer junto con otros, para explicar mejor la realidad y desde luego, el éxito o no de las políticas económicas. Las cifras se tienen que leer en un contexto social.

La economía es una ciencia social

Una de las primeras cosas que como estudiante me trataron de meter en la cabeza, en el ITAM, fue el hecho de que la economía es una ciencia. Todos los estudiantes, de todas las carreras en esa institución, llevábamos por lo menos un par de materias al respecto (y yo tomé algunas adicionales, como optativas).

En la primera clase nos dejaron leer una serie de artículos al respecto, en los cuales había dos argumentos principales, a saber:

La teoría económica se fundamenta utilizando las bases del método científico. De hecho, gran parte de esta teoría está formalizada con matemáticas.

Se puede demostrar que, caeteris paribus, cualquier proceso económico produce siempre el mismo resultado.

Hay dos palabras en latín que puse, a propósito, en negrillas y cursiva. Son palabras favoritas de los economistas y significan "todo lo demás permanece igual" (caeteris paribus).

El asunto es que, en la realidad, no todo permanece igual. La economía en efecto es una ciencia, pero no es una ciencia exacta sino una social.

Hay una diferencia sutil, pero fundamental: en las ciencias exactas (matemáticas, física, biología entre otras) se puede aislar a los individuos o partes de un sistema para, a partir de ellos, explicar la realidad.

En la economía (y demás ciencias sociales) esto no es posible: no se puede aislar a los individuos de su contexto social. Al contrario: no todas las sociedades son iguales y reaccionan de la misma forma ante ciertos estímulos.

Por eso, en las ciencias sociales es crucial entender las variables principales del proceso de socialización por el que todos los humanos pasamos desde que somos niños (en la familia).

Las palabras caeteris paribus prácticamente equivalen a aislar todas las demás variables que inciden en un fenómeno económico, como si no existieran (o permanecieran constantes, fueran siempre iguales). Lo cual claramente no sucede en la realidad.

El problema de fondo no es tanto el concepto caeteris paribus, ya que sería imposible estudiar la totalidad de las variables que inciden en un proceso social.

La única manera de estudiarlos es a partir del desarrollo de modelos: representaciones simplificadas de la realidad, pero que toman en cuenta las variables más importantes (o las que se pueden estudiar de manera objetiva, es decir, que se pueden medir).

Sin embargo, muchos economistas utilizan tanto el famoso caeteris paribus que les olvida lo que significa. Esa es la razón por la cual muchos de ellos predican la teoría económica como si fuera la verdad absoluta: arrogancia que en muchos países, como el nuestro, ha causado un grave deterioro social y una terrible desigualdad que se ha ido haciendo cada vez mayor.

El concepto más importante que aprendí en la universidad

El objetivo fundamental de la carrera que estudié, matemáticas aplicadas, es precisamente el desarrollo de modelos que permitan explicar fenómenos naturales y sociales, pero sobre todo, resolver problemas reales. Se pueden utilizar para infinidad de cosas: optimizar el rendimiento sobre capital en una empresa, realizar estudios de mercado basados en métodos estadísticos, entre muchas otras.

En este sentido, un maestro de estadística siempre nos enfatizaba que cuando vamos a aplicar cualquier modelo en la realidad, debíamos cuidar que los supuestos que hicimos para el desarrollo de ese modelo fuesen aplicables a esa realidad que queríamos estudiar. Es decir: todos los supuestos deberían siempre ser, de alguna manera, validados (hay técnicas que permiten hacerlo). Eso quizás fue lo más valioso que aprendí.

Cuando los economistas utilizan el caeteris paribus, parte de su responsabilidad es verificar, antes de aplicar cualquier modelo económico, que este supuesto se cumple. Se debe tomar en cuenta el contexto social, es decir, que las condiciones sociales del lugar donde va a ser implementado son las mismas que las que existen en otros países donde dicho modelo ha sido exitoso. El problema es que muchas veces la realidad social (o contexto social) es muy distinta.

Yo me pregunto: ¿El modelo económico neoliberal que ha aplicado México en los últimos 30 años ha funcionado? ¿La sociedad es más justa hoy que hace 30 años? ¿Hay menos pobres? ¿Hay mejores condiciones de vida? Me parece evidente que no.

Claro: sin duda ha traído cosas muy positivas, que se deben cuidar, como la estabilidad macroeconómica y un entorno inflacionario controlado.

Pero también ha acelerado la enorme concentración de riqueza que existe en nuestro país, a costa de una clase media que está por extinguirse, y una población cada vez más pobre.

Cifras macroeconómicas y contexto social

Muchos políticos, empresarios y miembros del gabinete económico tratan de defender el modelo económico actual y hablan de cifras e indicadores, como por ejemplo el crecimiento del PIB. El Presidente Calderón ha dicho que durante su sexenio el "ingreso promedio de los mexicanos" medido como el PIB per cápita ha crecido en términos reales. Esto sin duda es cierto.

Lo que no dicen es cómo se ha distribuido y cuánto de ese crecimiento ha beneficiado el ingreso de las familias de menores recursos. Tampoco mencionan cuántos mexicanos han dejado de ser pobres (bajo estándares internacionales más del 90% de la población económicamente activa en México está en un rango de pobreza). Es decir, omiten el contexto social de estas cifras.

También se dice que no crecimos más porque no se aprobaron "las reformas". Se habla de ellas como si fueran "la solución mágica" a todos los problemas del país. Pero, curiosamente, no se habla sobre su contenido y sobre los efectos que estas reformas pueden tener en la población, en nuestra sociedad.

El desarrollo social y el crecimiento económico

A nuestros políticos y teóricos económicos se les olvida que el desarrollo social es fuente de crecimiento económico. Si no se estimula el consumo interno, seguiremos dependiendo en gran medida de factores externos. Claro, se dice fácil: el reto es lograrlo.

Pero México, si quiere dejar de ser un país en vías de desarrollo, tiene que buscar políticas económicas que estén fundamentadas en nuestro propio contexto social.

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