Carretera solitaria al atardecer — un accidente inesperado puede cambiar las finanzas personales de un día para otro.

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Reflexiones sobre mi accidente

  • Joan Lanzagorta
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Hace algunos años tuve con mi familia un desafortunado accidente en la Autopista México – Querétaro, a la altura de San Juan del Río. Un auto pasó por encima de un "huarache" (pedazo de llanta de trailer) y proyectó hacia mi vehículo, causando serios daños en las partes delanteras y bajas del mismo.

Lamentablemente, esto sucedió en el tramo Palmillas – Querétaro, el cual no es de cuota y por ende no tiene un seguro que proteja al usuario de este tipo de percances. Tuve que hacerme cargo de los gastos.

Reflexiones sobre mi accidente

Como muchos de ustedes podrán imaginar, me siento muy tranquilo, ya que este accidente no tendrá un impacto significativo en mis finanzas personales. Mi auto está asegurado, y cuento con un fondo para emergencias que alcanza sin problemas para cubrir el deducible de mi seguro. El único cambio que tendrá mi plan de gastos, de manera temporal, será para reponer poco a poco la cantidad que utilizaré de ese fondo.

Sin embargo, mi accidente me ha hecho pensar en algunas reflexiones importantes que quiero compartir, particularmente para aquellos que aún no se han preocupado por un aspecto fundamental de las finanzas personales: la protección del patrimonio. Todos estamos expuestos a que nos sucedan eventos como estos, y si no estamos preparados adecuadamente, pueden causarnos un impacto muy serio en nuestras finanzas y un desequilibrio importante en el presupuesto familiar.

Lamentablemente, muchas personas no alcanzan a comprenderlo — o no han pensado siquiera en ello — y por ende no consideran este aspecto en su planeación financiera. Sin embargo, es una realidad que todos deberíamos lograr juntar un fondo para emergencias que alcance para cubrir por lo menos tres meses de nuestro gasto familiar corriente. Quienes trabajan por su cuenta, en su negocio propio o por honorarios, deben pensar en una cantidad todavía mayor.

La historia de Pedro y Juan

Veamos un ejemplo que ilustra la importancia de esto.

Pedro es un profesionista talentoso que está formando una familia. Su esposa está embarazada y en dos meses dará a luz a su primer hijo. Acaba de vender su coche y con el monto obtenido pagó el enganche de una camioneta que sacó a crédito, con el fin de contar con un vehículo más adecuado a su nueva situación. Sin embargo, hoy fue sorprendido con una noticia devastadora: su empresa se acaba de declarar en quiebra, y fue despedido sin recibir indemnización. De repente, parece que todo se le viene abajo: al estar a final de quincena, el saldo de su cuenta bancaria está muy cercano a cero. Inmediatamente se pone en busca de un empleo, pero como todos sabemos, no es fácil colocarse rápidamente, y menos en un trabajo que brinde un ingreso igual al que teníamos. Dos meses después, con las deudas encima — su hijo acaba de nacer, no ha podido pagar la camioneta ni el mínimo de algunas de sus tarjetas de crédito —, acepta una oferta para trabajar por dos terceras partes de lo que solía ganar. Él se pregunta por qué la vida le ha dado la espalda.

Por otro lado, Juan, compañero de trabajo de Pedro, es una persona ordenada con sus finanzas personales. Su esposa también está embarazada. La noticia de la quiebra le impactó igual que a Pedro. Además, pocos días después las fuertes lluvias causaron un daño significativo en el techo de su casa, el cual tenía que repararse a la brevedad. Sin embargo, Juan contaba con un fondo para emergencias que cubría tres meses de su gasto familiar. Utilizó una parte de ese fondo para la reparación del techo, y además buscó junto con su esposa reducir sus gastos al mínimo, lo cual fue posible ya que no tenía deudas. Principalmente, cortaron gastos de transporte y de entretenimiento mientras se estabilizaba su situación. Como Pedro, Juan se dio también a la tarea de buscar colocarse rápidamente en el mercado. De hecho, se dio el lujo de rechazar el trabajo que a la postre tomó Pedro — se lo ofrecieron primero, pero supo que no era el adecuado para él, y decidió seguir buscando. Poco tiempo después, pudo colocarse nuevamente en un trabajo mejor que el que tenía antes. Él agradece a la vida ya que, a pesar de todo, el resultado le favoreció: ahora solo tiene que enfocarse en disfrutar a su hijo y en reponer ese fondo de emergencias que probó ser tan valioso.

Situaciones como estas nos pueden suceder a todos. La diferencia entre estos dos personajes básicamente consiste en que Juan estaba preparado, y Pedro no. A Juan la vida terminó por sonreírle, mientras que Pedro todavía se pregunta por qué la vida ha jugado en su contra.

¿Has tenido un accidente que haya afectado tu patrimonio? ¿Cuentas con un fondo para emergencias?

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