estadio de béisbol con luz de atardecer, transmitiendo precisión, paciencia y decisión estratégica.

  • 3 de oct de 2011

Inversión y Béisbol

En 2011 escribí este post como invitado en el blog de mi amigo Virgilio Cárdenas, que se llamaba "El Deporte de las Finanzas Personales". Habla sobre béisbol e inversiones, con dos historias personales en donde ambos conceptos tienen algo en común. Como su blog ya no está en línea, he decidido publicar el texto completo en este espacio.

Uno de los deportes que más me apasionan es el béisbol. Quizá porque lo jugué de pequeño, como lo hizo mi padre y como también lo hiciere mi abuelo, quien lo aprendió y practicó en Cuba, el lugar donde se juega en su versión más pura.

Pero sé que hay muchas personas a las que no les gusta o a quienes incluso les parece aburrido. Y la razón principal, desde mi punto de vista, es que no saben verlo.

Verán, el béisbol es una de esas cosas en la vida que hay que saber entender y apreciar. Es un juego lleno de detalles, algunos demasiado sutiles, en el que cada decisión cuenta. Desde la forma como se sostiene el bate en la caja de bateo, hasta el momento ideal para relevar al pitcher abridor.

Así también es el mundo de las inversiones: cada decisión que tomamos hoy puede tener un impacto muy importante a futuro, incluso dentro de muchos años. Y en lo que respecta a nuestras finanzas personales, el juego de las inversiones es un juego que dura toda la vida.

Al igual que sucede en el béisbol, a muchas personas no les gusta saber de inversiones y de mercados financieros, o tienen prejuicios sobre el riesgo, porque no han sabido verlo y entenderlo.

Quiero contarles dos experiencias muy significativas para mí, ambas similares, pero una sobre béisbol y otra sobre inversiones.

Aprender a ver el béisbol

Cuando viajo de trabajo a Estados Unidos, trato siempre, si es posible, de asistir a un partido de béisbol. El nivel en el que se juega es fenomenal.

En una ocasión me tocó viajar a San Luis con un compañero de trabajo. El estadio de los Cardenales estaba recién inaugurado, y en esa semana jugaban contra los Cachorros de Chicago, que para ellos es un clásico. Por lo tanto, no pude encontrar boletos antes de viajar.

Durante las juntas de trabajo, brevemente comenté de mi pasión por el béisbol y me lamenté no haber podido conseguir boletos. Al día siguiente, uno de mis anfitriones nos consiguió dos boletos en excelentes lugares para asistir al juego de esa noche.

Mi compañero de trabajo en realidad no quería ir, porque le parecía un deporte muy aburrido. Pero se sintió obligado a hacerlo al ver que nos habían conseguido esos asientos.

En fin, durante el partido yo comencé a emocionarme y a explicarle cada jugada. Se interesó y comenzó a preguntarme algunas cosas: qué significaban las señas, en qué situaciones mandaban robo de base, etc. Cuando el pitcher abridor se estaba viendo en problemas, me preguntaba por qué no lo cambiaban.

Pude explicarle sutilezas tales como la razón por la cual se da una base por bolas de manera intencional e incluso por qué es importante que el pitcher se mantenga arriba del bateador en la cuenta.

Yo no sé en qué momento se dio la magia, pero al terminar el partido él estaba más emocionado que yo. Me dijo que nunca había visto el béisbol de esta manera y que había logrado entender muchas de las cosas a las que antes no le veía sentido. De ser una persona que evitaba el deporte, se convirtió, a partir de entonces, en un aficionado que lo sigue con regularidad.

Aprender a ver las inversiones

Uno de los temas en los que más me enfoco cuando tengo la oportunidad de dar orientación en finanzas personales, es precisamente el de inversiones, porque es fundamental. Mucha gente no entiende conceptos tan sencillos como esenciales, y es muy importante para mí hacerles ver que el ahorro en sí no es suficiente, sobre todo si queremos juntar un patrimonio que nos permita vivir una vejez con dignidad.

En una ocasión me reuní con una pareja muy trabajadora. Eran personas admirables, con prioridades muy bien definidas y que además luchaban por obtenerlas. Con un nivel de ingresos muy modesto, tenían dos casas, habían podido darle a su hijo una educación de calidad (en ese momento estaba estudiando en el Tec de Monterrey) y estaban acostumbrados a servicios privados de salud.

Desde luego, estos logros eran a cambio de esfuerzos importantes. Únicamente tenían un automóvil, con antigüedad de más de 12 años, para desplazarse. Buscaban gastar lo menos posible en ropa o en diversiones: lo hacían solo cuando lograban ahorrar algo. Como dije, muy enfocados: jamás se distrajeron de lo que verdaderamente les importaba.

Cuando empecé a hablar sobre inversiones, la esposa inmediatamente me dijo que no querían correr ningún riesgo. Entonces les expliqué lo que es el riesgo, utilizando un método socrático (yo solo hacía preguntas, ellos solos al responderlas encontraban las respuestas).

Luego empecé a hablar de inflación – inmediatamente la esposa volvió a saltar para decirme que no confiaba en las cifras oficiales, ya que la vida sube mucho más de lo que se maneja.

Y hablamos de las famosas inversiones "sin riesgo", como los pagarés bancarios. Cuando vieron que la tasa de interés que les pagaba el banco realmente era por debajo de la inflación, solitos me dijeron: entonces no tiene sentido. Estamos perdiendo dinero.

Entonces entramos en materia. Comentamos acerca de los Cetes, y les dije que cuando uno invertía en instrumentos "sin riesgo" de corto plazo, uno podía esperar ganar algo similar a la inflación. Entendieron que su dinero no aumentaba con el tiempo (y si a eso le sumamos que en su experiencia la vida sube más que lo que se maneja como inflación oficial, pues peor).

Hablamos de los instrumentos de deuda de mediano y largo plazo. Les expliqué cómo se movían sus precios, y que en realidad uno podía quizá esperar ganar entre 1 y 3 puntitos porcentuales arriba de la inflación con ellos (siempre atendiendo al plazo de los mismos).

Luego nos fuimos a la bolsa. Ellos querían poner un negocio, por lo que utilicé eso para explicarles cómo funcionaba. Y entendieron que históricamente en este mercado se puede tener la expectativa de ganar entre 6 y 8 puntos arriba de la inflación, a largo plazo, pero con volatilidad.

También hablamos de su tolerancia al riesgo. Se asombraron cuando vieron que en realidad no eran tan conservadores, y admitieron que el decir "no quiero correr ningún riesgo" en realidad es una manifestación del miedo a perder un patrimonio que con tanto esfuerzo han logrado y pretendían juntar para su vejez.

Al igual que sucedió con mi amigo cuando aprendió a "ver" el béisbol, hubo también un momento mágico. En el que por fin se juntaron las piezas del rompecabezas y vieron la imagen que este formaba. Dos experiencias sin duda similares, que marcaron vidas y que resaltan la importancia de aprender a "ver" las cosas que no comprendemos.

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