- 4 de jun
Lo que se llama invertir muchas veces no es invertir
- Joan Lanzagorta
- Inversión
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Muchas veces las personas piensan que están invirtiendo, pero describen otra cosa. Por ejemplo: tienen su dinero en instrumentos que pagan intereses razonablemente estables: fondos de deuda, depósitos bancarios de alto rendimiento, instrumentos gubernamentales de corto plazo. Eso es ahorro, no inversión, porque no genera crecimiento patrimonial.
O bien, dicen que compraron activos porque están subiendo como la espuma: oro, acciones que se pusieron de moda, monedas meme, posiciones de trading. Eso es especulación, no inversión.
Ahorrar y especular no está mal. Tienen su función. Pero cuando uno piensa que está haciendo una cosa, cuando en realidad está haciendo algo distinto, hay consecuencias concretas.
En el video de esta semana desarrollo las diferencias entre las tres categorías, con datos de estudios académicos sobre trading activo y con el ejemplo de cómo conviven las tres en mi propia estrategia financiera.
Las tres categorías tienen funciones distintas
Ahorrar significa tener el dinero disponible cuando lo necesites, buscando preservar lo más posible su poder adquisitivo. Para una emergencia, para un gasto cercano, para un objetivo de corto o mediano plazo. Hay instrumentos muy buenos para eso. Su función es disponibilidad y estabilidad.
Invertir significa ser dueño de activos productivos durante décadas: empresas que generan valor, bienes raíces que producen rentas. El horizonte es largo, la volatilidad forma parte del camino, y el objetivo es crecimiento real del patrimonio a través del rendimiento compuesto.
Especular significa apostar a movimientos de precio en periodos cortos, muchas veces con activos que no generan valor por sí mismos. Puede hacerse de manera consciente y con dinero acotado. El problema no es especular sino hacerlo sin saberlo.
Las tres son legítimas. Las tres tienen su lugar en una estrategia financiera bien pensada. Sus funciones no son intercambiables: ningún instrumento de ahorro construye el patrimonio que construye la inversión a largo plazo, y ninguna posición especulativa cumple la función de estabilidad que cumple el ahorro.
Qué pasa cuando se confunden
La confusión que aparece con más frecuencia es tomar el ahorro como inversión. Quien tiene dinero en fondos de deuda o depósitos bancarios durante años, creyendo que está construyendo su retiro, llega al final de ese periodo con dinero disponible y poder adquisitivo razonablemente preservado. Eso no es un resultado malo: el instrumento cumplió su función. Lo que no cumplió es la función de crecimiento real a largo plazo que la persona le asignaba. La diferencia, medida en décadas, puede ser enorme.
La otra dirección es tomar la especulación como inversión. Quien compra activos porque ya subieron mucho, rota entre instrumentos de moda buscando el próximo ganador, o hace trading activo con su capital principal, está especulando. También puede funcionar, pero implica un riesgo completamente distinto al de invertir a largo plazo. Usarlo con el dinero destinado a construir patrimonio tiene un costo que aparece cuando las cosas salen mal.
En cualquiera de los dos casos el problema es el mismo: el instrumento no está cumpliendo la función que se le asignó. Y ese desajuste, acumulado durante años, produce resultados muy distintos de los esperados.
Para profundizar en cómo el horizonte temporal define qué instrumento corresponde a cada objetivo, el post sobre riesgo y plazo en las inversiones trabaja esa relación con más detalle. Y la diferencia entre ahorrar e invertir desarrolla la distinción conceptual desde sus bases.
Una pregunta simple ayuda a tener las cosas más claras: ¿para qué es este dinero? Si la respuesta es disponibilidad y la estabilidad, se trata de ahorrar. Si es construir patrimonio a largo plazo, por ejemplo en el horizonte del retiro, lo que funciona es la inversión. Si uno quiere ganancias rápidas, con el riesgo que eso implica, es especular.
Las tres se complementan y pueden perfectamente convivir en la vida real. Lo importante es tomar decisiones conscientes e informadas.
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