- 23 de ago de 2010
Diez conceptos de inversión para tener siempre en mente
- Joan Lanzagorta
- Inversión
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Este es el post de introducción a los Diez Conceptos de Inversión para Tener Siempre en Mente.
Como expliqué en Las distintas caras del riesgo y en Riesgo sistemático y no sistemático, el riesgo en las inversiones es un tema apasionante que vale la pena abordar desde distintos ángulos. Esta introducción lo retoma desde otro punto de vista, para poner en contexto los diez conceptos que siguen.
Como he explicado en varias ocasiones, los mercados financieros son volátiles por naturaleza: precisamente porque funcionan como cualquier otro mercado.
Si uno va a un mercado de frutas y verduras grande, como por ejemplo la Central de Abastos, se dará cuenta de que los precios cambian varias veces durante el día, y que en locales diferentes se pueden conseguir precios distintos por bienes de calidad similar. Aún así, hay gente que no compara y compra en el "local de siempre", habiendo podido encontrar un precio ligeramente mejor en otro lugar.
En los mercados financieros pasa lo mismo. Ahí se intercambian, cada segundo, millones de productos financieros — bonos, acciones, commodities — de acuerdo a la oferta y la demanda, y eso hace que el precio se mueva constantemente.
Esa volatilidad es lo que se conoce, en inversiones, como riesgo. Los bonos de corto plazo — como los Cetes a 28 días o los pagarés bancarios — tienen menos riesgo porque pagan tasa fija y uno puede quedarse con el bono hasta su vencimiento y recibir la tasa pactada. En bonos de largo plazo, la volatilidad es mayor porque, aunque también pagan tasa fija, pueden vencer dentro de 2, 5, 10 o incluso 30 años. Si uno tiene un bono que paga el 5% y las tasas suben al 7%, ese bono es menos valioso — y como explico en Instrumentos de deuda – ¿Qué son y cuáles son sus riesgos?, su precio puede cambiar de manera significativa durante la vida del bono.
Obviamente hay otros riesgos: que el bono valga menos porque está respaldado por una empresa con problemas financieros que antes no tenía. Pero al final todo está ligado con el valor del bono, con su precio. Por lo que eso también está incluido en la definición de riesgo: la variabilidad en el valor esperado de nuestro portafolio. Para quienes saben de estadística, es la desviación estándar.
En acciones, la volatilidad es mayor ya que uno está comprando una parte proporcional de una empresa. Y aunque hay estados financieros, la percepción del valor justo de esas acciones puede cambiar significativamente porque está basada en las utilidades que se piensa que esa empresa puede generar. En periodos de inestabilidad económica, los precios son muy volátiles y pueden bajar mucho precisamente por la incertidumbre.
El riesgo, por lo tanto, es algo inherente en los mercados financieros. No es algo a lo que haya que tenerle miedo, ya que siempre se puede controlar. Al riesgo hay que conocerlo y tenerle respeto.
Conocer el riesgo nos permite controlarlo: no correr más riesgo del que estamos preparados a asumir, dado nuestro horizonte de inversión, el objetivo de la misma y nuestra tolerancia personal — que puede ser distinta a la de otras personas.
Pero también es esa volatilidad inherente a los mercados financieros la que nos brinda oportunidades para construir un patrimonio. Durante las crisis financieras, los precios de las acciones bajan más de la cuenta — hay verdaderas gangas. Esto se da porque en las crisis crece la aversión al riesgo: la tendencia natural de los humanos a evitar la incertidumbre y a tirar la toalla cuando todo va para abajo. Esto hace que muchas personas quieran deshacerse de sus acciones a casi cualquier precio.
Dicha situación llega a ser tan irracional que en ocasiones los precios bajan tanto que llegan a representar menos de lo que valen los activos reales de una empresa.
Los verdaderos inversionistas son aquellos que saben darse cuenta de esto e invierten en el momento justo. Tienen una idea del valor justo de una empresa y de su situación financiera. Por lo tanto, saben detectar esas gangas y salen a comprar buenas acciones sin importar que el precio siga bajando. Saben que eventualmente, una vez que se calmen las aguas, ese valor comenzará a ser reconocido por el resto del mercado.
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