- 6 de sep de 2010
8. Cuida las comisiones y costos
- Joan Lanzagorta
- Inversión
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Este es el octavo de los Diez conceptos de inversión para tener siempre en mente. Si aún no leíste los anteriores, te recomiendo empezar por la introducción sobre el riesgo y seguir en orden.
Este es un tema que muchos inversionistas dejan pasar, y que tiene un impacto muy importante en nuestros rendimientos. Todos los productos financieros conllevan un costo. Todos.
Algunos de estos costos son directos, como por ejemplo las comisiones por operación — compra-venta de acciones o títulos — o bien las comisiones por administración y custodia, por manejo de la cuenta, o por tener acceso a información en línea de los mercados.
Como mencionamos en 5. No trates de buscar el "momento ideal" para entrar o salir, las personas que están constantemente operando, entrando y saliendo del mercado, incurren en costos mucho mayores que los inversionistas de más largo plazo. Estas comisiones de compra-venta pocas veces se toman en cuenta al evaluar el rendimiento, y pueden mermarlo de forma muy importante.
El costo que más daño hace: la comisión anual sobre el patrimonio
Hay un costo que merece atención especial porque su impacto pasa desapercibido año con año, pero a largo plazo puede ser devastador: la comisión anual sobre el patrimonio administrado — el llamado Annual Fee o TER (Total Expense Ratio).
Este es el costo que cobran tanto los fondos de inversión activos como muchos asesores en inversiones. Un asesor que cobra el 1% anual sobre tu portafolio — a veces incluso el 0.99% para que suene menor — puede parecer razonable. No lo es, si no justifica ese costo con resultados.
Y aquí hay algo que pocos mencionan: muchos asesores mantienen a sus clientes en ETFs indexados de bajo costo, lo cual es en cierta medida irónico. Le están cobrando el 1% anual por poner tu dinero en instrumentos que cuestan 0.03% o 0.05%. Lo que cobran ellos es el costo real, no el del ETF.
Esto no significa que un asesor no pueda valer la pena. Para algunas personas, tener a alguien que los ayude a mantener la disciplina y evitar decisiones emocionales durante las crisis tiene un valor real y concreto. Sin ese apoyo, muchos venderían todo en el peor momento. Pero un asesor debería justificar su costo con resultados: el rendimiento neto que recibes tú — después de sus comisiones — debería ser al menos equivalente al benchmark. Además, desconfía cuando alguien te muestre rendimientos de su portafolio sin especificar si son antes o después de comisiones. Lo que importa es lo que llega a tu bolsillo.
Los números lo explican mejor que cualquier argumento. Supongamos que ahorras $3,000 pesos mensuales durante 30 años, con un rendimiento real promedio del 5% anual — ya descontada la inflación. En ese periodo habrás aportado $1,080,000 pesos.
Con una comisión anual de 0.1% — superior incluso a la que cobran muchos ETFs indexados — tu patrimonio final sería de aproximadamente $2,413,000 pesos, y habrás pagado alrededor de $28,000 pesos en comisiones a lo largo de toda la vida de la inversión.
Con una comisión anual de 1% — lo que cobra un asesor típico — tu patrimonio final sería de aproximadamente $2,063,000 pesos, habiendo pagado cerca de $251,000 pesos en comisiones.
La diferencia: $350,000 pesos — casi un tercio del capital que aportaste en 30 años, y un 17% menos de patrimonio final. Todo por una diferencia de 0.9 puntos porcentuales anuales que, año a año, parece insignificante.
Recuerda que trato siempre de ilustrar en términos de rendimiento real — es decir, después de inflación. Un rendimiento nominal del 9% en un entorno de inflación del 4% es en realidad un rendimiento real del 5%. Lo que importa es cuánto crece tu poder adquisitivo, no el número nominal.
Los costos implícitos o indirectos: los más peligrosos
También hay costos que en muchas ocasiones están implícitos en el producto. Por ejemplo, las comisiones que cobran las operadoras de fondos de inversión a sus fondos ya están incluidas en el rendimiento que el inversionista obtiene. Mientras más alta sea la comisión, menor es el rendimiento que se traslada al cliente — tiene una afectación directa. Por eso es importante conocerla: en el caso de los fondos de inversión es sencillo verificarla, pero en otros productos no tanto.
Hay otros costos indirectos en productos financieros de los cuales debemos estar conscientes, y que en ocasiones no son transparentes para el cliente. Muchos seguros de ahorro e inversión, por ejemplo, tienen costos de administración asociados que pueden ser mayores a los de productos de otras instituciones, ya que las aseguradoras suelen tener gastos de adquisición y de operación más elevados. En la mayoría de los casos ni siquiera se muestran en la póliza: forman parte de la nota técnica del producto. El rendimiento que se acreditada al asegurado no es el 100% del rendimiento obtenido por la aseguradora, siempre hay un costo asociado.
De hecho, una de las razones por las cuales los productos de vida con ahorro garantizado suelen tener una penalización por cancelación anticipada es porque el costo de adquisición no es constante en el tiempo — se incurre en mayor medida en los primeros años.
En resumen, el costo de un producto o servicio financiero es un componente que siempre hay que tener en cuenta al evaluar el rendimiento total de nuestras inversiones, para tener la fotografía completa y poder tomar mejores decisiones.
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