- 26 de ago de 2010
2. Primero el riesgo, luego el rendimiento
- Joan Lanzagorta
- Inversión
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Este es el segundo de los Diez conceptos de inversión para tener siempre en mente. Si aún no leíste la introducción ni el concepto 1. Siempre invierte con base en un objetivo definido, te recomiendo empezar por ahí.
Primero el riesgo, luego el rendimiento. Es decir: primero hay que preocuparse por controlar el riesgo en nuestras inversiones, y luego buscar optimizar el rendimiento. Pero siempre sin exceder el máximo nivel de riesgo que podemos tolerar.
Desafortunadamente, mucha gente en aras de obtener un rendimiento más atractivo corre riesgos innecesarios o incluso desconocidos — es decir, no saben que los están corriendo. Y es ahí cuando vienen los descalabros o, en el mejor de los casos, las sorpresas desagradables.
Por ello, en inversiones, el orden correcto es: primero tener muy claro el objetivo de esa inversión — lo cual nos dice el horizonte o plazo de la misma. Luego, tener muy clara nuestra tolerancia al riesgo.
Con estos dos elementos podemos determinar cuál es el nivel máximo de riesgo que podemos y queremos asumir. Ese nivel de riesgo es el que hay que fijar. Entonces, ahora sí, hay que buscar el portafolio que dado ese máximo nivel de riesgo pueda ofrecer el mayor rendimiento posible.
De hecho, toda la teoría de portafolios está basada en este principio que es tan sencillo pero a la vez tan complicado de poner en práctica.
Dos niveles de decisión
En un primer nivel, esto se hace mediante una adecuada selección de activos: en qué tipo de instrumentos vamos a invertir, que estén acordes con ese nivel de riesgo y que a la vez ofrezcan el mayor rendimiento potencial.
A manera de ejemplo ilustrativo, supongamos que un portafolio con una mezcla de 70% en instrumentos de deuda de corto plazo y 30% en renta variable cumple con el nivel de riesgo máximo que queremos asumir. Puede ser que haya otro portafolio — digamos 60% en deuda de corto plazo, 10% en bonos de largo plazo y 30% en renta variable — que tenga ese mismo nivel de riesgo. Sin embargo, el rendimiento potencial que cada uno ofrezca puede ser muy distinto. Hay que elegir el que puede dar un beneficio mayor. Hoy existen ETFs que permiten construir estos portafolios de forma muy eficiente y a bajo costo, como explico en Recomendaciones sobre una inversión de 100,000 pesos a largo plazo.
En un segundo nivel, una vez elegido el tipo de activos y los porcentajes, hay que seleccionar los instrumentos específicos que se usarán para cada clase de activos. Este proceso también es importante y hay que hacerlo con cuidado.
Siguiendo el mismo ejemplo, supongamos que elegimos 30% en renta variable. Una persona podría elegir un ETF indexado que replique el comportamiento de un índice amplio. Otra podría construir ese 30% con un portafolio de solo tres acciones. La primera obtendrá un rendimiento cercano al rendimiento esperado del índice. La segunda puede obtener mucho mejor o mucho peor rendimiento dependiendo del desempeño específico de esas tres acciones. Está corriendo más riesgo, porque la inversión concentrada en pocas acciones es por naturaleza más volátil que una canasta bien diversificada.
Por ello, en general hay que buscar construir el portafolio con instrumentos que puedan obtener un rendimiento cercano a su benchmark — es decir, al indicador que representa el rendimiento esperado de esa parte del portafolio.
Primero el riesgo, luego el rendimiento. El riesgo máximo que queremos asumir se fija siempre primero. Esta es la manera de no correr nunca riesgos innecesarios.
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