Balance - es necesario ajustar la composición de tu portafolio de inversión para mantener el balance original

  • 3 de sep de 2010

7. Rebalancea tu portafolio periódicamente

Este es el séptimo de los Diez conceptos de inversión para tener siempre en mente. Si aún no leíste los anteriores, te recomiendo empezar por la introducción sobre el riesgo y seguir en orden.

En los conceptos anteriores hemos abordado el tema de la diversificación inteligente y la importancia de construir una asignación de activos que responda a nuestros objetivos de inversión y esté de acuerdo con nuestra tolerancia al riesgo.

Recordemos que la asignación de activos no es más que la definición de cómo estará formado nuestro portafolio de inversión. Es decir, qué porcentaje del mismo estará invertido en cada categoría — cuánto en deuda de corto plazo, cuánto en acciones globales, etcétera.

Ahora bien, debido a que cada uno de estos instrumentos se comporta de manera diferente, es claro que después de un tiempo la composición de nuestro portafolio se habrá alejado de la asignación de activos original.

Por ejemplo, supongamos que definimos originalmente que nuestro portafolio estaría compuesto de la siguiente forma: 50% en renta variable global — representada por un ETF que replique un índice como el S&P 500 o el MSCI ACWI — y 50% en instrumentos de deuda de corto plazo.

Si en un año la renta variable creció el 35% y la deuda de corto plazo pagó el 4%, por el efecto de dichos rendimientos nuestro portafolio ahora estará compuesto por 56.5% en renta variable y 43.5% en deuda. Eso quiere decir que nuestro portafolio ahora tiene más riesgo que el que originalmente determinamos. Por lo tanto, es importante vender un poco de nuestra posición en renta variable, con el fin de que la composición regrese a los porcentajes de 50%/50% originalmente definidos.

Esta operación se llama rebalanceo del portafolio.

Este proceso, además de cuidar el riesgo, también nos da disciplina y nos permite optimizar el rendimiento del portafolio en el largo plazo.

Siguiendo el mismo ejemplo, este rebalanceo en realidad lo que hace es tomar utilidades de nuestra posición en renta variable, para destinarlas a un activo más seguro. Si por el contrario la renta variable hubiera bajado significativamente, en el rebalanceo tendríamos que haber hecho la operación inversa: vender un poco de deuda para comprar más renta variable.

En resumen, el rebalanceo nos permite vender un poco cuando la bolsa sube — está cara — y comprar un poco más cuando baja — está barata. Y esto en el largo plazo ayuda a nuestro rendimiento.

¿Cada cuánto se debe hacer un rebalanceo?

Una revisión anual es más que suficiente para la gran mayoría de los inversionistas. Revisar con mayor frecuencia puede generar más costos de transacción que beneficios reales.

Muchas veces de esa revisión podemos decidir hacer el rebalanceo, pero bajo ciertas condiciones puede no ser necesario. Por ejemplo, puede ser que nuestro portafolio esté muy concentrado en instrumentos poco volátiles, o bien que simplemente en el año la composición no se haya alejado demasiado de la asignación originalmente definida.

Para quienes invierten una cantidad fija cada mes, las nuevas aportaciones pueden asignarse de tal manera que ayuden a mantener la asignación de activos original — lo que reduce o elimina la necesidad de hacer ventas para rebalancear.

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